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Escribir: De vuelta a la hoguera de los fantasmas

Crónica / 05 Jul, 2018 /

Por: Antonio Monter Rodríguez

1. Y para qué aprende uno a escribir si no es para poner en fila ciertas ideas, certezas que se originan en lugares ignotos de la imaginación.

2. Escribir es un camino invisible a la auscultación médica. Camino que une el tubo digestivo con los temores, la risa y los deseos.

3. Si escribes, acaso podrías aferrarte a un diástole y a dos neuronas, quizás saliva, quesadilla de sesos y palabrería que fluye hacia afuera, por los dedos.

4. Palabras sonoras, música cuyo código postal es la patria, toda y única de ese lento amargo animal que soy y seré, siempre, aunque no quiera salir en las fotografías familiares y a veces me esconda de los espejos.

5. Escribo, luego me delato.

6. Palabras hechizo que confluyen en el teclado de la computadora, mezcla con denominación de origen: ardores interiores intensos, eclipses dérmicos alumbrados por neones de sórdidos moteles, inquietudes que beben ron… soledades que miran la noche… abrevadero común para sorber y saborear, a gotas… la vida.

7. Escribir como la permanente exhalación de los apetitos insatisfechos. La llenadera que nunca encontrará su dosis de hastío.

8. Escribir es inhalar miradas… de mujer, por supuesto.

9. Escribir supone cortejar a ciertas Deudas y Señoras Factura, cachondear con ellas para que lo dejen a uno vivir sin cobrar los pagarés con el actuario en la puerta de la memoria. Aunque en cada cruzada escritural uno sigue firmando pagarés y cheques en blanco.

10. Se escribe, dicen, digo, para que la cotidiana imbecilidad no te embargue las ideas.

11. Suponte que algún pudieras dialogar con tus más entrañables palabras. Sí, las recién escritas, sin mucho pensarlo y menos con piedad. ¿Qué te dirían? ¿Oiga, maestro, escuche qué bien sueno cuando me teclea o cuando el lector me lee? ¿Mire, piense, reflexione qué gran significado adquiero gracias a la sapiencia de usted? O… ¿Podría hacerme favor de borrarme de su hoja hasta que aprenda a usar un diccionario? ¿Y la gramática, doctor? ¿Y la sintaxis, mi buen?

12. Escribir es el fuego, y pocos, muy pocos los Descadenados Prometeos.

13. Licua tus tripas por la mañana, sí, toma el bisturí y córtate un pedazo que al fin y al cabo tienes entre cinco y doce metros. Agrega ginebra a la leche, no sólo huevos, quizás obtendrías ovalada forma pero insípida profundidad.

14. Si no bebes ginebra o ron, si eres de los bien portados, al menos búscate un miedo, un terror, un pánico… de lo contrario escribirás para que los otros te halaguen y tu texto morirá antes que la duración de un orgasmo.

15. ¿Cerveza? Escribimos, no estamos jugando.

16. Para qué aprende uno a escribir si no es para dialogar con los fantasmas, saludarlos, servirles un vaso y enviarlos borrachos de vuelta a la oscuridad, tu lado bonzo. Te digo. Me digo. Te pienso. Me pienso… y a veces me asfixio.

17. Curarle la cruda a un fantasma interno sale caro: piedras, sangrías, cerveza con tequila… la temblorina que te deja un texto recién parido permanece noches, días enteros.

18. El silencio es el mejor amigo de las palabras. Hay palabras que nunca debieron escribirse… con sólo pensarse ya hubiera sido bastante… no todo lo que germina da flor.

19. Escribo abierto de estómago, al sol se cuajan mis ánimos.

20. Escribo con lumbre simbólica, demonios que salen de sus tumbas para exigir sal de uvas y omeprazol.

21. Escribir… sí, pero… ¿quién estaría preparado para su suicidio?

22. Escribo, regreso, soy…